marzo 10, 2026

Mineros ancestrales de Buriticá llevan su reclamo a China: piden “intervención directa” a la cúpula de Zijin y proponen alianza para frenar el conflicto social

Buriticá (Antioquia). En una movida inusual que escala el pulso minero más allá de las fronteras colombianas, la comunidad de Mineros Ancestrales de Buriticá —articulada bajo NEXUS ANCESTRALES— radicó una carta en la sede central de Zijin Mining Group en la República Popular China, dirigida al CEO Zhang Wang y con copia al Chairman Zou Laichang, con una petición de alto calibre: “intervención directa” y una propuesta de alianza “para la paz social” en el municipio antioqueño.

El documento, fechado el 28 de febrero de 2026, parte de una alerta: los firmantes aseguran que la “realidad social del territorio” no estaría llegando “íntegramente” a la casa matriz en China y solicitan abrir un canal directo de comunicación con la cúpula de la multinacional.

El núcleo del pedido: 140 hectáreas y reconocimiento de derechos

En el texto, los mineros se presentan como una comunidad con tradición minera desde la conquista y la colonia española. Señalan que sus derechos habrían sido “atropellados” primero por Continental Gold y luego por la administración actual de Zijin, y plantean una salida concreta: el reconocimiento de un área de 140 hectáreas para “conservar nuestro estilo de vida y trabajar en la legalidad”.

La carta es directa: la formalización de esa zona —según argumentan— no solo garantizaría subsistencia y legalidad para la comunidad, sino que también reduciría la conflictividad y “protegería la inversión” de la compañía.

La presión cambia de tono: “no pedimos plata” y anuncian contactos con otro grupo

Uno de los puntos más sensibles del documento es el mensaje financiero y político implícito: los mineros aclaran que su proyecto “no requiere financiación de Zijin” y que ya iniciaron contactos con el Grupo Hanfa para gestionar apoyo bajo un modelo “llave en mano (EPCF)”.

La frase busca romper el relato clásico de “petición de recursos” y reposiciona la exigencia como un esquema de independencia: “Buscamos ser aliados estratégicos y comerciales, no una carga económica”.

En clave investigativa, el subtexto es evidente: si la casa matriz no responde, la comunidad pretende avanzar con un tercero y convertir el reclamo territorial en un proyecto formal con respaldo externo, elevando el costo reputacional y operativo de mantener el conflicto.

ESG como argumento: paz social para mejorar indicadores

La carta también introduce un lenguaje corporativo preciso: propone que Buriticá sea un “modelo de paz social en Colombia” y sostiene que reconocer las 140 hectáreas mejoraría los indicadores ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) de la empresa y “terminará con los conflictos actuales”.

En un giro calculado, los firmantes ofrecen transformar “antiguos detractores” en “socios estratégicos”: cooperación a cambio de reconocimiento.

Por qué esta carta es un hecho político (no solo comunitario)

Radicar el documento en China —y no limitarlo a autoridades locales o nacionales— es una señal de escalamiento: la comunidad dice, en la práctica, que el problema ya no se discute solo en Buriticá. Se discute ante el máximo nivel de una multinacional y bajo una narrativa que combina derechos ancestrales, formalización, inversión extranjera, conflicto social y reputación internacional.

Ahora, la pregunta clave queda instalada: ¿habrá respuesta desde la sede central de Zijin y se abrirá el “canal directo” que piden los mineros, o el conflicto seguirá creciendo hasta convertirse en un caso emblemático de gobernanza minera en Colombia?

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